martes, 24 de julio de 2012

Abanderado de lo ejemplar

Fotografía: Rafael Nadal, en la ceremonia de presentación como abanderado español.
De Olimpia a Londres mucho ha cambiado la imagen de los Juegos Olímpicos, tanto cuanto lo han hecho las sociedades, a cuyo abrigo ha ido creciendo este evento. Todo ello no es sino una parte consustancial de la evolución. De los héroes descalzos en los siglos precristianos a los modelos de marketing en que se convierten los deportistas actuales. De la casi total exclusión femenina primaria a la igualdad actual, ampliada en 2012. Incluso en lo referente al motivo religioso fundacional, obviado por completo en la era moderna. Todo cambia, excepto una figura: el atleta entendido como ídolo. A lo largo de la historia los deportistas han representado ejemplos de conducta a las sociedades. Ejemplos no siempre de ejemplares maneras, pero siempre imitados. 

En el área de ejemplaridad positiva se adentra, a la perfección, Rafael Nadal. Mejor tenista español de la historia y -se abre el debate- quizá mejor deportista español, el balear bien sabe lo que supone el peso de la fama. A su cargo de ídolo internacional se añade la carga de convertirse en blanco de las más zafias iras paisanas y ulteriores. Por su trayectoria, que es la suma de sus títulos y sus valores humanos, el Comité Olímpico Español tuvo a bien designarle abanderado nacional en Londres. Uno de los mayores honores para un deportista. Absolutamente merecido en su caso.

El palmarés y la calidad de Rafa hacían contar con él en las previsiones medallísticas de estos Juegos. Así hasta hace un mes, cuando cayó en la segunda ronda de Wimbledon (sede y superficie donde se disputará el tenis olímpico). El motivo le viene de antiguo: sus ajadas rodillas, el gran lastre de una trayectoria sin mácula. A contrarreloj, el balear ha querido recuperarse. El pasado jueves lo decidió: era imposible, no iría a Londres. Tocado en lo físico, herido en lo moral, obró en consecuencia con su rango. No aceptaba la idea de participar en baja forma. Adiós a las posibles medallas y adiós al sueño de abanderar a su país.

En unas declaraciones, el tenista manacorí explicó los motivos de su renuncia: "Tengo que pensar en mis compañeros, no puedo ser egoísta y tengo que pensar en el bien del deporte español, especialmente del tenis español [...] Hoy es uno de los días más tristes de mi carrera ya que una de las mayores ilusiones y el momento quizás más especial era ser el abanderado de España en la ceremonia de inauguración de los Juegos en Londres".

Sobresaliente Rafa en un detalle de insólita grandeza. Renunciar a, como expresa, uno de los momentos más especiales para un deportista. Encabezar una delegación nacional de 282 atletas. Más allá, liderar las esperanzas deportivas de un país tan maltrecho como España. A falta de buenas noticias en términos socioeconómicos, los Juegos Olímpicos, como otros eventos deportivos, se tiñen de analgésico a tiempo parcial. Y en cuestiones de alegrías competitivas, Rafa ha jugado regularmente un gran papel en la sociedad. Palabras aparte, la decisión trae implicita una renuncia más tangible: la económica, devenida de sus posibles éxitos, pues participaba en las categorías individual y dobles.

La rumorología, un exceso quizá de reacciones instantáneas, han puesto en duda su intención de participar en los próximos Juegos de Río de Janeiro 2016. Por edad, Rafa Nadal bien podrá ser de la partida en Brasil. Queda por ver si su cuerpo, sus rodillas, resisten el duro calendario tenístico. Si su mente no pierde la ilusión por la victoria. No es Río lo que debe preocuparnos ahora. Por delante del deporte debe estar siempre el deportista.

Su puesto como abanderado queda bien cubierto. Tras un debate menos unánime sobre la "opción b", el elegido ha sido Pau Gasol. Un pionero del deporte español, no tanto por descubrir al baloncesto español la NBA, sino por hacerla cotidiana. Por lograr que España fuera parte activa en la hasta él lejana liga americana. Previos al catalán se recuperaron, entre certezas e ilusiones, los nombres del piragüista Saúl Craviotto, del marchador Jesús García Bragado, del jugador de balonmano José Javier Hombrados o incluso de la pareja de regatistas Iker Martínez-Xabi Fernández, con la rémora de no poder ejercer de abanderados a la par. Será, finalmente Pau quien ize la bandera española en la ceremonia de apertura. En la distancia, Rafa Nadal puede sentirse orgulloso de su decisión. Una vez más, abanderado de lo ejemplar.

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