martes, 19 de junio de 2012

24 Horas de Le Mans: Una historia de ilusión


No encontrarán aquí un resumen deportivo de la carrera. Tampoco verán un análisis evolutivo. Únicamente descubrirán una historia de ilusión. Que dirían los cursis es el motor del mundo. Añado yo, y el sentido de esta página. Ilusión por conocer uno de los mayores hitos del deporte. ¿El mayor? Puede ser, pero este debate temo no tenga respuesta absoluta. El título no engaña; hablo de las 24 Horas de Le Mans de automovilismo. Allá donde tradición e innovación hacen pareja, donde la emoción juega en los límites del peligro, y donde, invariablemente, reina la belleza. 

En el camino a la ilusión debo advertir cuán despacio avanza el calendario hacia junio de 2013. Resulta aún más curioso si se contrasta con el pasado fin de semana. Del sábado al domingo, en un suspiro, se consumió la octogésima edición de Le Mans. Ganó Audi con un prototipo de tecnología mixta híbrida (diésel, para más señas). El futuro, hoy. De nuevo el deporte de motor se muestra a la sociedad como un elemento de avance tecnológico.

Se equivocan quienes consideran Le Mans una mera carrera de resistencia. Efectivamente es una prueba de competición, pero el yerro viene por la visión reduccionista. Las 24 horas son la excusa para desarrollar un mundo alrededor del circuito. Por junio, el trazado de La Sarthe vive una fiesta. Aficionados de mil y un orígenes convergen en el noroeste francés. Música, exposiciones, convivencia a pie de grada... Y una noria, icono costumbrista de la noche más apasionante. El paraíso de los móviles multimedia; una fotografía o un vídeo con que probar que "estuve  aquí". Año tras año, la atracción se colapsa de aventurados a descubrir los 13.629 metros del circuito desde las alturas. Si mi propensión a la tierra firme me lo permite, yo también subiré. ¿Qué se sentirá? Bendita duda. Porque si París bien vale una misa, Le Mans bien vale una noria. Y ambas ciudades no están muy lejos, por cierto.


Licencias personales aparte, resta una larga cuenta regresiva hasta la salida de las 24 Horas de Le Mans 2013. Mientras lentamente llega el momento de descubrir la recta de Les Hunaudières, el puente de Dunlop o las curvas Porsche, queda la televisión. Y es de justicia reconocer la extraordinaria narración de Javier Rubio, Tomás Saldaña y Santiago Ayala -este último durante la madrugada- en Eurosport. Desde aquí mi felicitación por saber trasladar la intensidad y pasión que esta cita merece. Ayudando, incluso, a vencer los límites del sueño.

Miro el calendario y no avanza. Ya lo hará. Llegado el día, espero acertar a transmitir el cúmulo de sensaciones descubiertas a lo largo de mucho más que 24 horas. Eso será el próximo año.

Fotografías: Lemanslive.com/autocasion.com

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