
Llegué con retraso, cual vuelo low-cost, a la fiesta por el espectacular triunfo de Fernando Alonso. Todo porque no pude ver en directo el Gran Premio de Valencia. Imposible seguirlo a su momento; al menos, pensé, es una de las citas más aburridas del año. Cruel o no, su fama venía justificada por las tediosas ediciones previas. Pero me tragué mis palabras con alegría. Pasadas 57 vueltas, Alonso lloraba de emoción. Su victoria había entrado directamente en el archivo del deporte. Posiblemente la mejor carrera en la vida del asturiano. Colateralmente, una de las mejores carreras de Fórmula 1
en mucho tiempo. En seco; para mayor mérito. El Mundial de 2012 no deja de sorprendernos. ¿Qué será lo próximo?
Si aporta valor disputarse...