viernes, 16 de diciembre de 2011

Mercancías al peso

Que la vida es cada vez más inhumana es tan cierto como que el dinero es juez y parte del deporte. Pero, aún aceptando este razonamiento por invencible, no todo debe ser aplaudido. No puedo evitar avergonzarme ante los mareantes movimientos de deportistas por todo el orbe. Hablo, por citar dos casos, de lo que sucede alrededor de la NBA y de la Fórmula-1. Dos megalópolis, dos monstruos que parecen haberse escapado de las manos de quienes las controlaban. La muestra, el trato mercantil que reciben sus competidores. 

En algunos casos hablamos de grandes estrellas amparadas en un colchón anual con varios ceros. Otros, en cambio, viven en un estrato inferior -y anónimo- a todas luces. Del primer grupo es Pau Gasol, quien reconocía con razón 'me sentiré mejor cuando Lakers diga que me quiere'. Lógico después de haberse visto el catalán metido en varias cestas de Navidad. Una iba a Houston, otra a Nueva Orleans. Ahora parece que se queda, pero más por la imposibilidad de empaquetarle que por un deseo empresarial. Y hablamos, ni más ni menos, de una de las piezas clave del todopoderoso Los Angeles Lakers. Otro que se mueve en esas lides de la liberación de espacio salarial es Rudy Fernández, colocado en otro pack navideño. Se fue del Real Madrid para formar parte de Dallas -actual campeón de la NBA-. Pero a Dallas le venía mejor traspasarle a Denver. Y ahí está el mallorquín, a la espera de qué ocurrirá en verano, si se queda o si vuelve a España, porque dicen en el Real Madrid que puede regresar en julio. Será que un servidor lo ve desde fuera sin conocer los entresijos económicos, pero ¿no les resulta un poco raro?

No lo lleva mejor Jaime Alguersuari, piloto de la factoría Red Bull. En pocos días, de la confirmación al despido en Toro Rosso, equipo b de la marca en Fórmula-1. Red Bull 'le dio alas' haciéndole debutar, inopinadamente, con 19 años en Hungría. Luego le estabilizó al confirmarle y ahora le deja sin hueco de cara a 2012 de una manera, cuando menos, extraña. Muy elegante el también catalán, ha preferido mantener las formas en lugar de dar pie a su tan buscada rajada. Cada vez quedan menos asientos libres para este año -los petrodólares que llenan la parrilla de F-1 también son claros exponentes en esta deshumanización del deporte-. ¿Veremos a Jaime en HRT haciendo más español el ya español equipo? Sinceramente, me extrañaría, pero quién sabe. Para nuestra afición sería todo un lujo.
 
Tras esta breve (y leve) reflexión, veo una deriva preocupante en el terreno humano. No busco hacer del deporte un ejercicio de filantropía; sería absurdo, pero no todo puede ampararse bajo el estigma 'es parte del negocio'. Lo siguiente será escuchar a estos y otros deportistas decir, aderezados con su nueva gorra y su camiseta oficial, 'yo, desde niño, siempre he sido fan de este equipo' ¿Les suena, verdad?

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