
Al son de las primeras marchas de nuestra Semana de Pasión religiosa, otro tipo de pasión, más seglar, enardece el noroeste de Europa. Por primavera, Bélgica y Francia; Francia y Bélgica, focalizan las atenciones ciclistas. El culto al adoquín y al muro de todo un mes se corona en siete días: el Tour de Flandes y la Paris-Roubaix. Dos ejemplos de un deporte cuya anacrónica belleza nos retrotrae a otros tiempos.
El primer domingo de abril es, en Bélgica, un domingo de pasión flamenca. De Ronde -como se conoce familiarmente al Tour de Flandes- es un evento que trasciende lo deportivo. Un día de sana competencia entre flamencos -terreno de la carrera- y valones, las dos grandes regiones nacionales. Pero ante todo, un día para el orgullo nacional. Flandes...