sábado, 26 de noviembre de 2011

Caín nació en España



Caín nació en España. O le nacionalizaron en Consejo de Ministros. Sólo así, españolizado este antihéroe, se explica que seamos un país tan cainita. Tan proclive a atacar a nuestro hermano; ora con la honda, ora con el verbo, a veces más hiriente que la más hiriente de las armas. En nuestro deporte, espejo y parte de la vida misma, este cainismo rebrota en grado sumo. Y de forma selectiva: haciendo presa del caído. 

Escribo esto porque me los esperaba. Me refiero a los comentarios sobre Rafa Nadal tras su eliminación en la
Copa Masters. El mejor tenista español de la historia, sometido a un cruel juicio público tras una serie de derrotas. Las malas lenguas, que no son pocas, dicen de él 'acabado, roto, descentrado...' Demasiado sencillo de lanzar gratuitamente. Y demasiado cruel. Demasiado cruel con quien ha empujado a millones de españoles al sillón en cada uno de sus partidos o a los campos de tenis a intentar seguir su ejemplo. 

Duele comprobar este ensañamiento para con un deportista ejemplar por su comportamiento dentro y fuera de la pista. Ciertamente Rafa no atraviesa su mejor momento. Se le ve cansado, algo lógico en parte. La exigencia física y mental de cada temporada tenística y de su propio juego son muy altas. 2011 no ha sido un buen año en su palmarés. Con todo, ganar Roland Garros, el Master 1000 de Montecarlo y ser finalista en Wimbledon no es poca cosa. Aunque a él le sabrá a poco en su mentalidad hipercompetitiva. 

¿Por qué no gana?, ¿por qué no rinde igual? Objetivamente algo sucede para que atraviese esta mala etapa. Y es aquí donde cabe una posible crítica. A sus errores de planteamiento del año, de su juego... Los expertos darán sus porqués. Esa es la crítica necesaria: la constructiva, la sensata; la que yo, como periodista, siempre defenderé. Y la que aquí en estos sembrados de Caín no acostumbramos a usar. Resulta más sencillo destruir que molestarse en razonar -quien sepa hacerlo-. 

Volverán las victorias de Rafa, posiblemente la próxima semana en la final de la Copa Davis: España-Argentina. Con ella serán de nuevo los aplausos, las fotos. Y ese gesto tan español (y tan político) de dar
palmaditas en la espalda. Hasta que vuelva a perder, claro. Porque la sombra de Caín es alargada. Y la mala sombra, también.

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