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martes, 26 de febrero de 2013

A cabezazos contra el progreso

España se vio absolutamente superada por Rumanía. Imagen: APP
Percutía Rumanía y en cada ataque hacía retroceder tres metros a la defensa española. Una perfecta metáfora de nuestro rugby XV: retroceder a base de cabezazos, de los rivales y de los directivos. Cabezazos que poco a poco nos retrotraen a viejos gestos de desesperación que creíamos superados. Languidece en 2013 una selección que un año atrás vivió los momentos más brillantes de su época moderna.

La derrota estadísticamente no es sino una más en la vasta lista de decepciones contra el XV del Roble. Apenas dos veces los rumanos se han visto superados por España en 29 enfrentamientos. La última, casualmente, el año pasado. Eran tiempos mejores... Pero como este no es un espacio basado en el resultadismo, ni aquella victoria fue vista como una mera victoria puntual, ni esta derrota es sólo lo que refleja el marcador. 15-25 como mal menor, maquillaje que enmascara una imagen desoladora. Anulados en ataque -salvo dos acciones contadas- y en defensa ante un rival que no mostró ser mejor que años atrás.

España ha perdido el rumbo (también) en esta parte del amplio deporte que es el rugby. Vaya por delante que aplaudo la actuación de la nueva federación nacional en su apuesta por la cantera y su puesta en valor del deporte femenino. Pero guste o no, el altavoz del rugby lo tiene hoy la versión del XV masculino, y ahí no caben palabras de felicitación. Se deshizo un proyecto que por encima de imperfecciones generaba ilusión, peso mediático, afición creciente... motores de progreso para una disciplina aún minoritaria al sur de los Pirineos. 

Hubo dos grandes fases de demolición de este esperanzador camino: primero la salida del seleccionador Regis Sonnes, previo ofrecimiento de un contrato hecho a medida para que no aceptase. Posteriormente el espectáculo estrella de la nueva cúpula directiva de nuestro rugby, la expulsión de los jugadores hispanofranceses mediante unas formas impropias de un estamento federativo. Una suerte de amenaza culminada en sanción internacional a españoles que un día decidieron serlo por incuestionable compromiso personal. A los autores de "23-F: el rugby toma Gijón" (lamentable titular de la previa de este partido) se les suma el publicar un comunicado desprestigiando y cuestionando el compromiso de estos jugadores. ¿Por qué lo hicieron? Cuesta comprenderlo. Nuestros rivales también se lo preguntan.

Instante del partido Bélgica-España del pasado día 9. Imagen: marca.com
Turbulentas bases para una nueva etapa del rugby patrio con el foco en el próximo el Mundial de 2015, cuya clasificación se juega entre 2013 y 2014. A la cabeza, Bryce Bevin, el seleccionador que inició el camino hacia el único Mundial jugado por España, en 1999. Conocedor del panorama nacional, prometió opciones para repetir hazaña. Mientras tanto, la Federación no se escondía en anunciar como objetivo suyo ir al Mundial de 2019 (Japón). Extraño choque de planteamiento y, especialmente, extraña decisión organizativa la de apostar ¿todo? por jugar un Mundial que por horarios en España no verían más que los forofos. ¿De verdad el rugby tiene fuerza de convocatoria social pongamos un miércoles a las 9 de la mañana para un potencial España-Tonga? ¿Puede ser ese el objetivo prioritario por encima de un Mundial en Inglaterra de más fácil acceso y seguimiento?

Se repudió a "ese equipo alquilado de 2012", en palabras del Director Técnico de la FER a la Revista Veintidós. Y se apostó por algo que nadie sabe muy bien qué es. En Gijón, el sábado, de los 23 jugadores convocados, 11 no habían nacido en España. No lo critico, su compromiso es tan respetable como el de los aquí nacidos. No obstante, resulta curioso cómo quienes atacaban rabiosamente la "Francia C" de Regis Sonnes hoy callen a este respecto. Tampoco parece una apuesta integral de futuro mirando el 2019: cuesta explicar la presencia de algunos jugadores que ya no cumplirán 33 años y que quizá no mejoren el nivel de jóvenes "de aquí" (si se me permite utilizar ese lenguaje). Por último se prescindió de los mentados hispanofranceses en favor [sic] de un bloque estable que no obligase a negociar con los clubes en cada convocatoria. Ese bloque, paradójicamente, se nutre de los jugadores de Rugby VII que por su presencia en las Series Mundiales de esa disciplina no están disponibles en bastantes ocasiones para el XV.

El futuro pinta si no negro, sí gris oscuro como el cielo de esa preciosa embajadora que fue Gijón. Posiblemente la respuesta de la ciudad asturiana, pasional, respetuosa e ilusionante para el futuro, fue de lo poco bueno que podemos sonsacar. Tras caer con honor en Rusia, pero perder al fin y al cabo, aceptar por bueno un empate decepcionante en la forma ante la pujante Bélgica y ser avasallados por Rumanía, España es hoy colista del 6 Naciones B. Y lo peor, sin una imagen de juego que permita ilusiones. Se compite sin saber muy bien cómo, sin unas rutinas que tiempo atrás si teníamos y sufriendo en defensa como no se veía en años. Hoy por hoy, parece poco apropiado mirar al Mundial. Pese a estar aún a dos puntos del tercer puesto (Portugal) que llevaría a la repesca. 

En marzo viajamos a Georgia y recibimos, precisamente, a Portugal. A priori todo lo positivo que se logre en Tiflis -me sigue sonando raro este nombre- será una sorpresa. En cambio no sacar réditos contra los lusos puede condenarnos definitivamente a luchar sólo por no descender a la tercera categoría del rugby europeo. La otra opción es sencilla: rectificar y recuperar, ya para 2014, a aquellos jugadores que tanto nos han dado recientemente y que hoy están expulsados. Es lo necesario y lo que muchos pedimos.

La España de jugadores hábiles y creativos, ataca hoy a cabezazo limpio. Contra el progreso. 

domingo, 20 de enero de 2013

Honestidad


Albert Rocas mandó el balón al poste y en el siguiente ataque Lovro Sprem sentenció el partido a segundos del final. Es la última línea de una derrota, la de España frente a Croacia en el Mundial de Balonmano, que, revestida previamente con la sospecha, supo muy dulce por su honesto desarrollo.


Ambas selecciones se encontraban en el último partido de su grupo. Ya clasificadas las dos, ganar suponía, tanto a España como a Croacia, entrar en los cruces finales por el mismo lado que Francia y Dinamarca, los dos nombres más temidos del campeonato. El camino más duro hacia la final a priori. En cambio perder (incluso empatar en el caso de Croacia) les clasificaba como segundos de grupo, destino a un cuadro notablemente difícil, especialmente en los potenciales cruces de octavos y cuartos de final, pero sin los dos países anteriormente citados. Se diría el "lado menos malo" hablando ese "dialecto político" que tanto abunda hoy.

Las posibles dudas, quien las tuviera, se disiparon pronto: comenzó el partido con la imagen de Víctor Tomás lanzándose al suelo para recuperar un balón que nada habría de significar 60 minutos después. A rebosar la Caja Mágica -precioso el ambiente allí vivido ayer- y muchos ojos internacionales pendientes del gran duelo. La intensidad del encuentro quedó fuera de toda duda desde primera hora, con dos selecciones jugando a ganar. Únicamente varios fallos ante un equipo tan potente como el croata condenaron a España a la derrota. Que para muchos no es una condena. En el intercambio de goles hubo también intercambio de golpes. Nada de guante blanco ni concesiones premeditadas al rival. Ganó, sencillamente, quien no falló o falló menos al final.

Ahí acabaría una teoría, la de la pretendida derrota, que no debió surgir. Pero lo hizo, gracias (irónicas) a algunos medios de comunicación, aficionados e incluso -asunto que me parece singularmente grave- al telediario del ente público que emite el Mundial en nuestro país: Televisión Española. En ellos se planteó la posible idoneidad de una dulce derrota. Qué imagen tan triste; doblemente triste, si cabe, por el hecho de ser anfitriones del torneo. Como ya conocerán los lectores, este es un tema que me resulta desagradable. Afortunadamente primó la honestidad. Albert Rocas lanzó al poste y Lovro Sprem sentenció. Perdimos, sí, honestamente. Todos contentos, ¿no? Y aún habrá quien calcule si el lanzamiento al poste fue premeditado...

miércoles, 9 de enero de 2013

España y su doble responsabilidad en 2013

Comienza oficialmente la última fase en la carrera de Madrid 2020. El pasado lunes la delegación del proyecto español presentó en Lausana ante el Comité Olímpico Internacional (COI) el dossier de su candidatura. El camino iniciado hace ya una larga década vislumbra su final. El 7 de septiembre Buenos Aires será el escenario donde se anuncie el nombre de la ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2020: Madrid, Tokio o Estambul. 

Será la tercera y posiblemente la última gran ocasión para la capital española. Dos desencantos, siempre al filo del éxito, en 2005 y 2009 para los Juegos a celebrar siete años después. Con argumentos de dudosa credibilidad o con otros más sólidos, dos veces fue cercenado el gran sueño deportivo nacional. Tiene que ser ahora; pensar en una cuarta opción no parece a día de hoy acertado.

A este punto, el máximo organismo olímpico ya ha demostrado que no necesita muchos condicionantes para dejar a un lado el proyecto de Madrid. Un proyecto  bien estructurado, en un avanzado grado de construcción y ajustado, así se recoge, a la situación económica. Con un lastre arrastrado donde más duele, la imagen: la sombra, fundada o infundada, del dopaje. 

Mal empieza el último trecho del camino olímpico: la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) sancionó en diciembre por espacio de tres meses al principal laboratorio en la materia de Madrid. Un castigo seguramente a utilizar como argumento por sus rivales (Tokio y Estambul). Por supuesto el dopaje no es propiedad española, es un mal plurinacional que toca a España como toca a otros países. Afirmar lo contrario es mentir. Lo que sí parece producto interno es una nefasta gestión en la comunicación oficial sobre dopaje. Sanciones sin positivos, positivos sin sanciones, contradicciones entre organismos y oportunismo mediático. Mucho por aclarar y en resumen, arañazos a nuestra imagen deportiva.

Imagen publicitaria del Mundial de Balonmano 2013
En clave positiva, España, sinónimo de Madrid durante este crucial año deportivo, afronta una doble responsabilidad. El calendario 2013 ha tenido a bien dar a nuestro país la gestión de dos de los principales eventos deportivos de sede variable: los mundiales de balonmano y natación. Dos oportunidades de volver a mostrarse como país competitivo. Más allá, dos oportunidades para lucir como perfecto embajador. 

Nuestra selección aspira, como varios rivales, a todo en el inminente campeonato balonmanístico. Ese mismo en el que peligró hasta última hora la sede de Madrid -mal ejemplo-. 2013 supondrá el nexo final entre la mejor generación, ya disgregada, y su relevo de juventud. En julio y agosto, la natación en toda su amplitud debe consolidar el buen 2012, con las medallistas en Londres Mireia Belmonte, la sincronizada y el waterpolo, o los recientes medallistas en piscina corta Melanie Costa, Duane da Rocha, Rafael Muñoz o Marina García. 

No serán los únicos eventos internacionales con sede en "la piel de toro". Dejando a un lado las grandes citas con sede fija -ciclismo, triatlón, motor (no olímpico pero relevante), entre otras- está previsto, aunque peligra, en junio el Europeo de Remo en Sevilla, que a la vez puede servir de reválida local para una disciplina ausente en la delegación española de Londres. O el Europeo de tiro paralímpico, si bien ya en octubre, en Alicante.

Imagen publicitaria del Mundial de Natación 2013
España, en palabras del Presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, ha celebrado en la última década 77 Mundiales y 84 Europeos. La fuerza de la historia reciente se suma al nutrido 2013, una baza a jugar con acierto y con la que este año no cuentan ni Tokio ni Estambul. La ciudad turca celebró en 2012 el Mundial de pista cubierta de atletismo y el de piscina corta de natación. Con menor programación inmediata, la capital japonesa podría verse perjudicada por la cercanía con los Juegos de Verano de Pekín (China) 2008 y los de Invierno de Pyeongchang (Corea del Sur) de 2018. Aunque nunca se sabe...

Por último, la imagen del público como principal valedor de la ya famosa "Marca España". Una pista vacía es la peor embajadora. Frente a la crisis, fundamental atraer a la sociedad a los grandes eventos, con precios equilibrados y una difusión acertada. La Caja Mágica madrileña en el Mundial de Balonmano que arranca el viernes será una buena muestra.

Nos espera un 2013 de máxima responsabilidad en todos los terrenos deportivos. Queda mucho por hacer hasta -ojalá- oír "Madrid" como ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2020. 
El deseo de suerte se torna escaso, aunque nunca viene mal. SUERTE.

viernes, 27 de julio de 2012

De Barcelona a Londres: más que simples medallas

Fotografía: Estadio de Montjuic, en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona
Hace veinte años y dos días una saeta de fuego alumbró la nueva era del deporte español. Esa preciosa imagen, mil veces repetida hoy, sucedió en Barcelona. Su protagonista, el atleta paralímpico Javier Rebollo. Cargado su arco, atinado su pulso, lanzó su flecha al centro mismo del pebetero del Estadio de Montjuic. Acababan de comenzar los Juegos Olímpicos de Barcelona. La historia de su historia se remonta cinco años más atrás; en concreto al 18 de octubre de 1987. En aquel día de otoño la ciudad catalana fue designada sede de la edición de 1992. O dicho de otro modo, fue declarada el motor del cambio deportivo nacional.

A ojos del mundo España debía/quería mostrar su mejor cara. En ese contexto se dio el gran paso en favor del deporte español sabido su impacto social. El amateurismo más improductivo que sustentó otras décadas dio lugar al profesionalismo en un primer grado de desarrollo. A través de una partida económica importante nació, como base del proyecto, el programa de becas ADO (Asociación de Deportes Olímpicos). Desde su origen buscó dotar al atleta de los recursos suficientes para su plena dedicación deportiva. Ni fue perfecto entonces ni lo es aún hoy, pero supuso un avance difícilmente calculable.

Puede decirse que aquel plan de becas situó a España en el S.XXI del deporte, pese a nacer en 1988. Acortamos la distancia organizativa que nos separaba de otros países; Barcelona así lo mostró. Que cada deportista pudiera dedicarse en exclusiva a su prueba, con los medios precisos en las instalaciones precisas fue clave. Añadir el otro concepto de base, el evidente factor motivacional de competir en casa. El medallero dio la razón al nuevo ADO, con un total de 22 medallas, cifra entonces impensable. En la edición anterior -Seúl 1988- apenas se sumaron 4 metales.

Han pasado 20 años y hoy Gran Bretaña quiere sorprender al mundo. Su tan cuidada ceremonia de apertura marca el comienzo formal de los Juegos Olímpicos 2012. En ellos España se juega, intramuros, un diagnóstico de la viabilidad de su sistema, aquel nacido para Barcelona´92. La crítica situación económica sirve de contexto actual, en el que disciplinas olímpicas agonizan día a día. Desaparecen equipos por asfixia económica, sufre la cantera ante la falta de recursos. Y se reducen las becas, como explica el atleta Carles Castillejo a esta página. No hay dinero.

Panorama desolador que a priori se revela más grave en los Juegos de Rio de Janeiro 2016. Ello no frena los ánimos de quienes apuntan las previsiones de medalla para los presentes JJ.OO. Habituales las quinielas olímpicas, a las que todos nos sumamos. Interesantes y peligrosas a partes iguales. No tanto por un posible error en el cálculo cuanto sí por las reacciones posteriores. 

Fotografía: Combinado español de natación sincronizada en plena actuación en 2011/Heraldo.es
En una sociedad como la española más propensa al fanatismo que a la afición, ofrecer "medallas seguras" es un riesgo. Riesgo a explotar esa extraña faceta que cuestiona el trabajo de deportistas olvidados durante cuatro años. Sin conocer sus condiciones de entrenamiento ni sus recursos, sin conocer incluso sus nombres en muchos casos, se exige cumplir los resultados previstos. Pregunta abierta: ¿previstos por quién?, ¿con qué conocimiento? No todos los pronósticos tienen validez.  

Los Juegos Olímpicos, como cualquier competición se centra en los resultados. De ahí surgen las becas, los patrocinios y los contratos. No pretendo pedir que las becas vengan de un entrenamiento duro; se necesitan logros. Pero el juicio a esos resultados deben alcanzar sólo hasta los límites del respeto al competidor. De ese concepto tan volátil como "medalla segura" pueden sobrevenir engaños: ¿Qué plantear si, por ejemplo, España no logra medalla en natación sincronizada? Un error, un desajuste inapreciable en tiempo real... Pocos se habrán preocupado por este conjunto antes de Londres, de sus muchas horas de trabajo, de lo que supone la dedicación exclusiva al entrenamiento. Muchos serían, en cambio, quienes criticasen para mal en caso de fallo.

España no se juega como país 15-20 medallas olímpicas en 2012. La cuestión va más allá: un diagnóstico de su situación deportiva. En especial de aquellas disciplinas menos populares en otros escenarios. Plantear su estado actual y analizar su viabilidad futura. Buscar el modo de asegurar la pluralidad para hacer frente a la crisis. Un fallo, el que lleva al deportista de la medalla al sexto puesto, no debe ser el motivo de análisis. Sí la prestación global; esa debe ser la lectura que hagamos de Londres. Sean las medallas que sean, aunque mantenga mi optimismo relativo. Arrancan los Juegos Olímpicos de Londres. A disfrutar del deporte.

lunes, 24 de octubre de 2011

El sonido del rugby


Nueva Zelanda cumplió con los pronósticos y ganó su Mundial de Rugby. De nuevo la copa Webb Ellis se queda en casa. Se repite la historia de 1987, cuando los kiwis abrieron en triunfo la I Copa del Mundo del balón oval. Francia luchó y jugó con mayor dignidad que en la primera fase, pero no fue capaz de dar el "Aucklanazo", como se había bautizado la posible sorpresa gala. Punto y final para un espectáculo del que -en su grandeza competitiva y social- no puedo dejar de destacar una preocupante faceta extradeportiva: el nuevo sonido del rugby. 

A lo largo del torneo hemos podido notar fuertes pitadas del público para con los equipos contrarios. Una de las señas de este 'deporte de animales jugado por caballeros', como reza su origen, es el señorío de jugadores y espectadores. Los abucheos cuando el rival lanza a palos para conseguir puntos denigran los valores históricos del rugby, que se sustenta sobre el silencioso respeto al rival y el reconocimiento final.

Pero esta culpa no es exclusiva del público del mundial, más pintoresco que aficionado en muchos casos. Esta actitud impropia podemos encontrarla en multitud de campos. El próximo sábado 19 de noviembre España recibe a Uruguay en Madrid. Apuesto, no sin pena, que algún presente perderá las formas cuando vea a los uruguayos atacar (o a los españoles, previendo gran presencia americana). Si el rugby suena, que lo haga a la grandeza que le corresponde, a quien vitorea a su equipo y reconoce al rival. Ganemos o perdamos el partido, que no sea el rugby quien pierda un día más.

PD: Ayer falleció el motociclista Marco Simoncelli en plena carrera. Sirva esta breve mención como reconocimiento para él y todos los deportistas que se dejan su vida intentando lograr la gloria.

martes, 11 de octubre de 2011

Rugby rico, Rugby pobre

Entramos en la fase decisiva del Mundial de Rugby. Llegan las semifinales: Francia-Gales y Nueva Zelanda-Australia. Desde los cruces de cuartos los dos lados del cuadro se han convertido en dos confrontaciones hemisféricas. Por arriba un pequeño Seis Naciones entre los cuatro mejores equipos de Europa. Por abajo, los tres del sur más Argentina, que se incorporará al Tres Naciones en 2012. Grandes espectáculos, estadios llenos y audiencias mundiales en la tercera competición deportiva más seguida por televisión.

Y entre tanto la Selección Española de Rugby disputó el pasado sábado en Madrid un partido amistoso contra el equipo b del Biarritz, uno de los principales del Top14 (liga francesa),  aunque este año hayan comenzado mal. Entrada gratuita; por la cara, eso que tanto nos gusta en España. Ganamos, sí, pero me quedo con otra idea. En las gradas, como mucho, 1000 personas. ¿Dónde está el fallo? En la difusión, o mejor dicho,  en la no difusión de este encuentro.

Yo, consumidor del 90% de los partidos del Mundial de Rugby sólo escuché en ellos una mención velada al partido de España. De medios generalistas ni hablamos; en los deportivos la información no fue precisamente destacada. Sólo el amante del rugby encontró los datos precisos. Pero, y el público generalista potencialmente interesado: ¿qué hace, dónde busca?  El problema no es la afición a este deporte, pues en otros partidos de España –cuando se han anunciado- se han congregado hasta 9.000 personas en Madrid. El problema es la difusión. Somos un rugby pobre, y mientras no haya un interés mediático en mejorar no lo superaremos. Eso sí, en la crítica cruel ante la derrota sí somos ricos.


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