Belleza, lucha de honor, violencia... Abierto a un sempiterno debate sobre su naturaleza, el boxeo se muestra como un mundo apasionante. La muerte del campeón mundial Joe 'Smokin' Frazier ha conseguido devolver, aunque sea por unas horas, el mundo de los cuadriláteros a la primera plana del espacio mediático. Pero, ¿qué ocurre con este deporte?
A pesar de estar fuertemente contaminado por sus contrarios, el boxeo engancha. Imanta. Va mucho más allá de la reduccionista visión de dos personas guante con guante intercambiando golpes en un cuadrilátero. Y digo que va más allá porque si prima la fuerza, no lo hacen menos la habilidad y la inteligencia para marcar una estrategia de ataque, defensa y gestión de los tiempos. Ver un buen combate es, en resumen, un perfecta demostración de las habilidades humanas y de la propia estética de sus movimientos.
Hace unos días hablaba del fútbol americano y de mi acercamiento a él. Algo parecido, aunque con mayor fuerza, me ha sucedido con el boxeo, al cual, de un tiempo a esta parte, me siento muy atraído. En parte se debe a la estupenda labor de difusión de Marca TV, que es justo premiar aquí. Porque el boxeo, como todos los deportes ricos en matices, requieren una buena enseñanza. Sólo desde el conocimiento se puede valorar como se merece un combate.
Pero hablar de boxeo no es hablar únicamente de deporte. Es hablar de su profusa narrativa y poderosa estética para escritores y guionistas que lo tienen como fuente de inspiración. No pocas novelas y películas han sabido plasmar con brillantez la historia de púgiles que tornaron sus tristes orígenes en gloria -pasajera las más de las veces- a través de sus guantes. Uno de ellos, Joe Frazier, se ha ido después de dejarnos varios de los combates más importantes de la historia. En el recuerdo, sus batallas con Muhammad Ali o George Foreman, que como aficionado recomiendo ver. A quien no las conozca, me atrevo a decir que le gustarán.
Fotografía: 12asaltos.com


11/08/2011
Unknown
